¿Quién se ha llevado mis frutas?
Parece preguntarse la malanga luego que un pájaro hambriento sorpresivamente la dejó sin frutas. Y es que
el pájaro fue tan rápido haciendo mercado que ahora ni la malanga, ni nadie, sabe quién se las llevó.
Pero... el relato comienza cuando vemos que, en casi cada árbol de la vecindad, crecen estas plantas
trepadoras de anchas hojas perforadas y dentadas, remontando los troncos y mostrando las blancas espatas
de sus flores. Dichas espatas son hojas modificadas, adaptadas a proteger la joven inflorescencia.
Eventualmente, la espata se marchita y cae al suelo. Su forma de cuchara y su conspicuo color blanco las
identifica con ese grupo de plantas que conocemos popularmente como "calas" y que se utilizan en jardinería
ornamental. Esta planta trepadora es conocida por los botánicos por el nombre Philodendron aristeguietae.
La inflorescencia consiste en un vástago con flores hexagonales, dispuestas en una formación compacta, sin
dejar el menor espacio entre ellas. Bien protegido por la espata cerrada sobre sí, el vástago está cubierto por
flores de color blanco cremoso. Sólo algunas pequeñas mosquitas y coleópteros tienen acceso al interior de
la espata cerrada. Presumimos que estos son los polinizadores y que, cuando el proceso se ha cumplido,
entonces la espata se abre, se seca y se desprende.
Mientras tanto, el vástago con las flores ya fecundadas madura y produce pequeños frutos. Mientras está
dentro de la espata cerrada, el vástago es de color blanco cremoso. Luego, una vez sin la protección de la
espata, la superficies hexagonales de las flores se secan y adquieren color verdoso, para luego, al madurar,
tornarse de color crema amarillento con pequeñas marcas negras en los centros de las flores.
Al madurar, las flores se van desprendiendo y dejan al descubierto los pequeños frutos, dispuestos en forma
tan compacta como las flores que los generaron. Los frutos consisten en semillas lisas duras, de color negro
brillante y de unos cuatro milímetros de largo por tres de ancho, cubiertas por un mucílago blanco como el
nácar, de sabor dulce, algo astringente, que sin ninguna duda es apetecido por pequeños pájaros semilleros
que luego dispersan las semillas. Hemos visto un pequeño pájaro de color oscuro huir del lugar, pero sin
poder apreciar claramente la especie a la cual pertenece. CRB 20-02-05
Un guamo, Inga spectabilis, es un organismo interesante como para aprender sobre la naturaleza en la reserva ecológica. Las hojas nuevas de este árbol
siempre producen néctar en nectarios extraflorales para atraer hormigas que las defiendan de los herbívoros. Sólo así llegan a poseer una frondosa copa.
En un guamo habitan muchas especies de animales, como avispas que construyen nidos o arañas monas que acechan desde los intersticios entre el tronco y
las ramas. Hay serpientes que vienen de visita, como la culebra lora, que se sube al árbol en busca de ranas, lagartos, insectos o pájaros.
La cerbatana rezadora pasa largos períodos en el guamo, acechando sus presas desde las inflorescencias, como habrán podido ver en el artículo anterior
sobre las mantis. Las ranas plataneras del género Hila, a veces amanecen dormidas sobre las hojas y el sol las sorprende en tal actitud. En esta ocasión
hablaremos sobre las malangas, esas plantas trepadoras que viven en el guamo, ofreciendo sus flores y frutos a los animales que las polinizan o consumen.
Estas malangas producen flores encerradas en una espata o cala blanca, que se abre luego de que las flores han sido polinizadas por insectos que pueden
llegar a ellas escurriéndose por entre los pliegues de la espata mientras está todavía cerrada. Las inflorescencias maduran y con el tiempo, cuando los frutos
están ya listos, se doblan hacia abajo y toman un color verde-amarillo-cremoso.
Poco a poco, las flores comienzan a desprenderse cayendo al suelo y dejando al descubierto los frutos, que consisten en semillas pequeñas cubiertas por un
mucílago blanquecino de sabor dulzón ligeramente astringente. Es entonces cuando los pájaros tienen acceso a los frutos y, como vemos, dejan desnudo el
vástago en pocos minutos. Cuando esto sucedió, apenas alcanzamos a ver la sombra de un pajarito de tonalidad oscura que huía de nuestra presencia.
En la secuencia arriba vemos una espata nueva, con algunas mosquitas sorprendidas mientras entraban y salían del interior de la espata. A la derecha,
cortamos la espata para demostrar la existencia de un amplio espacio interior frecuentado por mosquitas y por algunos coleópteros o coquitos de dos o tres
milímetros de largo, lisos, marrones y achatados que presumiblemente polinizan las flores. Es probable que sean atraídos por la fragancia de las flores.
La inflorescencia se torna verdosa y ya sin la
espata vemos sus flores fertilizadas.
Un corte lateral a lo largo para apreciar el arreglo
hexagonal de las flores.
Corte sagital de la inflorescencia y las flores
dispuestas sobre sus respectivos ovarios.