¡Cuidado muchachas, la Machaca ataca!.
Así, mas o menos, sería el título amarillista de alguno de esos pasquines que gustan de alarmar a la gente
para vender papel. Nosotros, en cambio, no pensamos vender nada al lector, más que alguna información
veraz sobre ese insecto tan extraordinario y raro que tan peculiar fama tiene entre la gente del campo
venezolano, ese homóptero (primo cercano de las chicharras) que ostenta una indumentaria un tanto
estrafalaria pues en lugar de parecerse a un insecto como debiera ser, se parece más bien a un lagarto o,
según algunos, a un pequeño caimancillo con colmillos y todo.
Los científicos lo llaman Fulgora laternaria, un nombre inspirado por el extraño aspecto de la protuberancia
hueca que forma la porción anterior de su cabeza, la cual se creía bioluminiscente, es decir que fulguraba o
producía su propia luz en la oscuridad de la noche. Nada de cierto tiene esta creencia, ya que dicha
protuberancia ni posee ni da luz. Parece ser que las cauisantes del hecho, fueron bacterias bioluminiscentes
que poblaban unos ejemplares que llegaron a manos de Carolus Linnaeus y por eso el nombre .
Pero no se detienen allí las creencias populares sobre este curioso animal. En varios países neotropicales,
incluyendo Venezuela, mucha gente asegura que si a una linda moza la picase uno de estos insectos, tiene
que pedir a su novio que le haga el amor dentro de las siguientes 24 horas, ya que de no hacerlo
irremediablemente morirá. Algún joven enamorado que anhelaba ser amado por su novia antes de formalizarlo
ante el cura debe haber inventado este cuento. El asunto es que la machaca no ataca, ni pica, ni muerde a las
personas, ya que sólo se alimenta de la savia de los árboles y mucho menos posee una saliva con poderes
afrodisíacos.
La machaca es un insecto grande, de casi seis centímetros de largo y hasta diez centímetros de expansión de
sus alas. Cuando está en reposo, su coloración es extremadamente críptica, permitiéndole ocultarse de
nuestra mirada al confundirse fácilmente con la corteza de los árboles donde se posa. Si es molestada, agita
rápidamente su cabeza contra el árbol produciendo un sonido parecido al de un suave tamborileo. Si la
molestia persiste emite un olor almizclado y vuela a otro árbol. Cuando despliega sus alas membranosas pare
el vuelo, revela dos marcas circulares que parecen los ojos de un búho. Esto puede servir como un elemento
de distracción para evadir a algún depredador que tenga aspiraciones a cazarla.
Las imágenes que presentamos fueron tomadas por Lisandro García en el Campamento Guaquira y revelan
detalles extraordinarios de este insecto tan interesante como desconocido.





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