El bejuco de agua usa el viento para dispersar sus semillas, aunque a veces pareciera que no.
¿Recuerdan lo que en una
entrega anterior decíamos sobre
la polinización de las flores del
Bejuco de agua?

Hoy hablaremos sobre el fruto
de esta interesante planta  
trepadora.

El fruto del Bejuco de agua está
especialmente diseñado para
liberar sus semillas cuando las
ráfagas de aire lo mecen como
un péndulo.

Cuando se seca, sus seis
compartimientos o lóculos se
abren y se separan, liberando  
más de quinientas semillas
aladas muy livianas que son
dispersadas por el viento.
Las hojas son alargadas y con venas
secundarias derivadas de la central
El fruto cuelga como un péndulo
hasta que se abre al viento
La estructura del fruto es complicada
pero muy  eficiente y funcional
La planta produce de 500 a 600 semillas por cada fruto. Estas se disponen ordenadas a lo largo de cada uno de los seis
lóculos o cavidades que conforman el ovario de la flor y que, al ser fecundada, albergan las semillas.
La estructura del fruto en forma de cesta se observa cuando se seca totalmente y se abre, colgando al viento. Poco a
poco, las semillas van saliendo a medida que el viento mece la estructura que cuelga de lo alto de la planta.
Corte del fruto y vista de los seis lóculos desde el extremo terminal (izq.) desde arriba (centro) y una vista oblícua en la
que se detallan las finas mallas que configuran la cesta que retiene las semillas mientras el fruto se mece en el aire.
Pero... en la selva de la reserva hemos observado individuos de Bejuco de agua, Aristolochia maxima y de otra especie todavía no
identificada, pero muy similar, cuyas flores se producen en racimos a lo largo del tronco mientras remonta  la planta hospedera.  
A menudo, las flores brotan y se abren a nivel del suelo entre la hojarasca. ¿Cómo explicarnos esto si el diseño arquitectónico y funcional
del fruto está concebido para dispersar las semillas desde cierta altura y por acción del viento?  
La dispersión asistida por el viento no es necesaria si los frutos ya se encuentran directamente en el piso de la selva.
¿Le conviene a la planta que sus hijos se desarrollen en el mismo lugar donde ella vive?
¿Porqué poner flores en el suelo si se cuenta con un mecanismo tan sofisticado para la dispersión de las semillas por el viento?
Los ecólogos tendrán que investigar y explicarnos estos interesantes asuntos.
A la izquierda, flor de bejuco de agua en plena floración. Se observan los cálices  en
distintos estadios de descomposición hasta que oscurecen totalmente y se licúan.
En las flores en descomposición viven, se alimentan y crecen las larvas de los diminutos
insectos que colaboran con la reprodución de la planta. Las flores pueden brotar  de las
raíces, del tronco, o de las ramas del bejuco. Las que brotan a nivel del piso del bosque
no necesitan un mecanismo de dispersión asistido por aire. ¿Porqué brotan allí?
A la derecha, las flores de la Aristolochia de especie todavía indeterminada, son de
color bronceado y el cuello del cáliz es casi recto, sin un codo evidente
como el que se desarrolla en las flores de
A. maxima de color más claro.
En esta especie, las flores que hemos observado crecen a nivel de la hojarasca, y
brotan de las partes del bejuco en contacto con la tierra. Es evidente que en esta
situación, un mecanismo de dispersión por viento no es necesario. ¿Cómo explicarlo?
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